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El síndrome de ojo seco puede llegar a afectar a 3 de cada 10 personas y sus síntomas que pueden afectar la capacidad para llevar adelante actividades cotidianas.


Cada vez son más los casos del síndrome de ojo seco que los profesionales identifican en las consultas, principalmente por la creciente polución ambiental que afecta a las grandes urbes, la climatización artificial de los ambientes cerrados y la alta exposición a las pantallas.

Además, existe una mayor predisposición en las mujeres de más de 40 años.

El denominado síndrome de “ojo seco” se caracteriza por la alteración en la producción de las lágrimas que da lugar a síntomas como irritación y picazón ocular y molestias al utilizar lentes de contacto.

Además, los expertos destacaron que no tratarlo puede generar graves consecuencias.

“El párpado está en permanente fricción con el ojo y esa fricción puede generar daño. Gráficamente podemos decir que el ojo funciona como el limpiaparabrisas de un auto: si lo encendés con el vidrio seco, te lo raya y lo arruina. Lo mismo ocurre con el párpado y la córnea: sin lubricación, el párpado la lastima,” explicó Alejandro Aguilar, médico oftalmólogo especialista en enfermedades de la superficie ocular, fundador y ex presidente de la Sociedad Argentina de la Superficie Ocular.

“Es un síndrome multifactorial que puede llegar a afectar hasta el 30% de la población. Cada vez es mayor el número de casos que se identifican dada la exposición prolongada a pantallas, los cambios ambientales artificiales y naturales y la mejora en los métodos diagnósticos,” señaló Aguilar.

La exposición a un clima seco y con mucho viento, así como el humo y el aire acondicionado aceleran la evaporación de las lágrimas, de modo tal que evitar el contacto con estas condiciones irritantes puede reducir las chances de desarrollar ojo seco o brindar alivio a quienes lo padecen.

Alejandro Berra, investigador principal del Conicet y presidente de la SASO, manifestó que “los síntomas se exacerban en quienes padecen ojo seco y viven en grandes urbes como Buenos Aires” y remarcó que “un caso de ojo seco en un ambiente contaminado va a ser más severo”.

“Hace unos años, hicimos un trabajo con guardaparques del Parque Nacional Los Glaciares donde observamos que las lágrimas de estos individuos que estaban entre 8 y 11 horas al aire libre se rompían en 14-20 segundos. En promedio, una lágrima tarda en romperse unos 10 segundos. Y en el caso de un individuo que no padece ojo seco y vive en Buenos Aires se rompe en 7- 8 segundos.

Esto significa que a menor contaminación, menor interferencia de las partículas que están en el aire con las lágrimas y eso hace que la calidad visual sea mejor. De todas formas, no significa que quienes vivan en espacios libres de contaminación no van a desarrollar ojo seco porque también hay otras condiciones que inciden en su desarrollo,” explicó Berra.

Además, permanecer más de 5 horas al día con la vista en la pantalla de la PC, el celular o el televisor favorece la aparición de esta condición.

Tal es así que un estudio mexicano halló que el 86,4% de las personas que acudía a la consulta oftalmológica presentaba síntomas compatibles con el síndrome de ojo seco.

“Quienes están más tiempo frente a la pantalla, parpadean menos y, por lo tanto, las lágrimas se evaporan más rápido. Muchas veces, los dispositivos no están ergonómicamente ubicados, ni están a la distancia adecuada. Incluso, la calibración del brillo del dispositivo también puede incidir,” enumeró Berra.

Para quienes no pueden desentenderse de obligaciones laborales que implican una importante cuota diaria de trabajo delante de la pantalla, los especialistas recomiendan parpadear periódicamente al mirar computadora, consejo que vale incluso para quienes pasan mucho tiempo leyendo o realizar otras tareas que demandan concentración visual.

Otras recomendaciones para quienes trabajan por periodos mayores a cuatro horas diarias frente a una computadora son: consulta anual al oftalmólogo (si no padecen de una patología ocular preexistente); si usan lentes, revisión de la graduación una o dos veces al año; uso de lubricantes oculares cada 6 u 8 horas durante la actividad laboral; lapsos de descanso cada 30 minutos alejando la vista de la pantalla y movimientos del cuello y extremidades.

Usar un tipo de letra de entre 11 y 12 puntos también puede resultar de utilidad, del mismo modo que lo es el limitar el uso de los videojuegos a una o dos horas al día.

Fuente: NA


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