Prensa Formosa
CARGANO
 
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El largo brazo de la DEA ya llegó a la Argentina, particularmente en las provincias fronterizas del NEA y del NOA lindantes con Paraguay y Bolivia, donde ya se han inaugurado delegaciones en ambas regiones, donde, entre otras tareas, esta capacitando a las fuerzas locales.


Si bien la ministra Patricia Bullrich anunció una suerte de desembarco ampliado de la agencia antidrogas estadounidense, lo cierto es que sus representantes ya tienen más de un pie puesto en el país: trabajan abiertamente junto a las fuerzas de seguridad locales y dan cursos de capacitación a los espías de la ex SIDE. Desde el arranque del ciclo macrista, incluso subió la cantidad de agentes permanentes de la Drug Enforcement Administration: pasaron de tres a diez.

Tras una relación casi congelada durante la etapa kirchnerista (aunque nunca del todo: el ex secretario de Seguridad Sergio Berni alentaba escuchar sus consejos y compartir información), el macrismo estrechó la relación con la DEA. El Gobierno quiere alinearse en su “guerra” global contra el narcotráfico. Y muy especialmente lo pretende Bullrich.

“Volvemos a cooperar inteligentemente con la agenda de los países con los que queremos ser socios, y ya no con Venezuela e Irán. No es un tema ideológico”, asegura un asesor de la ministra.

Durante su reciente gira por Washington, donde visitó el FBI, la DEA, la Oficina de Seguridad Interior y el Departamento de Estado, Bullrich anunció que aumentará la injerencia de la agencia antidrogas. Sin dar detalles, dijo que se avanzó con la creación de una “task force” de la DEA, suerte de base operativa, cerca de la Triple Frontera. Ahí, sobre el cruce mítico entre Argentina, Brasil y Paraguay, la Piba quiere que haya más agentes fijos para controlar posibles focos de narcotráfico y terrorismo. Un despliegue parecido ya existe en la provincia de Salta.

Previsiblemente, organizaciones sociales y de derechos humanos ya repudiaron esa “intromisión imperial”. Un funcionario macrista del área de seguridad también desconfía, aunque por otros motivos: “A Patricia le gustan demasiado los micrófonos. Una cosa así, que en parte ya existe, no se anuncia por los medios”.

Desde diciembre de 2015, tanto el Ministerio de Seguridad como la Agencia Federal de Inteligencia empezaron a trabajar fluidamente con la DEA. Sus representantes tienen reuniones y charlas semanales. Al momento, el operativo más exitoso de esa sociedad fue una serie de allanamientos, detenciones y la incautación de unos 15 millones de dólares, supuestamente vinculados al narco colombiano José Piedrahita Ceballos. El Café de los Angelitos era usado como fachada para el lavado. Esa al menos fue la versión que dio Bullrich.

En el momento de mayor tensión entre el gobierno kirchnerista y el estadounidense, la DEA redujo su plantel fijo a tres agentes. Ahora, según revela un funcionario de inteligencia, se amplió a diez. La renovada sintonía se tradujo en cursos sobre narcotráfico, terrorismo y vulnerabilidad en los aeropuertos que dicta el organismo en la Escuela Nacional de Inteligencia de la AFI.

Pese al entusiasmo macrista, la DEA no cuenta con grandes resultados para exhibir. Desde que la fundó Richard Nixon en 1973, no paró de crecer el uso de drogas en los Estados Unidos. Actualmente es el país con mayor consumo mundial.


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