Prensa Formosa
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Se registraron varios casos de esa enfermedad en las últimas semanas en el país, de turistas que viajaron a Brasil. Dos personas perdieron la vida.


Mucho se habló de la fiebre amarilla durante el verano. Primero comenzaron las recomendaciones para aquellas personas que viajaban a Brasil, luego las noticias se enfocaban en las largas filas que hacían los turistas para vacunarse, mientras algunos se preguntaban para qué destinos era necesario realizar la aplicación y las autoridades emitían comunicado tras comunicado para seguir generando conciencia.

Enero y febrero se trató de eso. No fue en vano, pues han llegado las consecuencias. Es por ello que es importante seguir resaltando la situación dado que hay muchas personas que postergaron su viaje a las playas brasileñas para marzo, abril o más adelante, para no encontrarse con el gran caudal de turistas.

Desde el 19 de febrero hasta la pasada semana (cuando se redactó esta nota), se han confirmado en el país siete casos de fiebre amarilla y ninguna estaba vacunada. De ellos, dos hombres de 69 años fallecieron (uno de Lanús y otro de Río Negro) mientras que un joven de 24 años fue sometido a un trasplante hepático.

Los otros cuatro pacientes evolucionan sin problemas y ya recibieron el alta. Según el informe del Ministerio de Salud de la Nación, “seis de los siete casos tienen el antecedente común de haber visitado Isla Grande en Río de Janeiro (además de otros puntos de ese país) y uno Ouro Preto, en Minas Gerais”.

UN CASO FATAL. Uno de los casos fatales se dio en Neuquén, donde un rionegrino de la ciudad de Cipolletti que había viajado a Río de Janeiro murió por fiebre amarilla, luego de que los médicos le aconsejaran no vacunarse contra esta enfermedad, ya que la inmunización está indicada sólo hasta los 60 años. El hombre había viajado también a zonas del noreste de ese país. A los tres días de regresar, comenzó con los síntomas.

El otro caso fue en la localidad bonaerense de Lanús y se trató de un hombre que presentó un cuadro de insuficiencia renal aguda de la que no se pudo recuperar.

En tanto, el joven de 24 años fue el primer argentino en recibir un trasplante hepático como tratamiento contra la fiebre amarilla, tras desarrollar uno de los cuadros más graves de esta enfermedad, que contrajo a principios de marzo mientras realizaba un crucero por Brasil. Se trata de Renzo Gagliano, oriundo de la localidad bonaerense de Hurlingham, quien recibió el trasplante de donante cadavérico en el Sanatorio de la Trinidad Mitre, según confirmaron sus propios familiares por la red social Facebook.

Para comenzar a comprender esta situación, primero hay que saber de qué se trata esta enfermedad. Para ello, es necesario aclarar que es infecciosa, producida por un virus que se transmite a través de mosquitos silvestres que habitan en zonas selváticas (se trata del Haemagogus y Sabethes en la fase selvática y del Aedes Aegypti en la fase urbana).

Es importante destacar que no todos los mosquitos contagian la enfermedad, sino aquellos que han picado a un individuo afectado por ella.

PREVENCIÓN. La fiebre amarilla no se contagia de persona a persona y el único método de prevención es la vacuna. La aplicación debe realizarse al menos diez días antes del viaje y es por única vez en la vida.

Además, se recomienda hacer una visita médica un mes antes de subir al avión, para recibir el asesoramiento adecuado y contarle al profesional el tipo de viaje que se va a emprender.

Es aconsejable también utilizar repelentes contra mosquitos en zona de riesgo, así como también utilizar remeras de manga larga y con colores claros, y hospedarse en casas u hoteles que tengan mosquiteros y aire acondicionado para evitar mantener las ventanas abiertas.


SÍNTOMAS. Ante cualquiera de estos signos es imprescindible realizar una consulta al médico: fiebre, dolor muscular, dolor de cabeza, escalofríos, náuseas y vómitos, pérdida del apetito.

Posteriormente se pueden dar vómitos de sangre e ictericia (coloración amarilla de la piel). En la fase inicial, los síntomas desaparecen después de tres o cuatro días, mientras que la segunda etapa, a la que pasa el 15 por ciento de los pacientes, es muy tóxica. De ese porcentaje, la mitad fallece entre los 10 y los 14 días, mientras que el resto se recupera sin daño orgánico significativo.

El Ministerio de Salud, en su comunicado, informó que “el comienzo es abrupto, y el paciente presenta fiebre mayor a 39 grados, escalofríos, cefalea, náuseas, mareos, malestar general y dolor muscular, congestión nasal y bradicardia relativa (bajas pulsaciones)”.


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