Prensa Formosa
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El director Nacional de la Federación Agraria Argentina (FAA), Pánfilo Ayala, hizo un recorrido por la producción primaria en la provincia en los últimos 40 años, ahí recordó que las escuelas en las colonias tenían matriculas altas. Además, comentó que Formosa enviaba primicia al Mercado Central. Denunció la falta de dialogo serio y de política para el sector primario. EN LOS AÑO 60 Y 70 LA PROVINCIA TENIA MÁS DE 120 MIL HÉCTAREAS PRODUCTIVAS.



Por Jorge Pérez

El dirigente federado recordó su época de niñez y relató: “Soy nacido en Siete Palma, somos nueve hermanos. Crecimos al costado de la ruta, ya que éramos campesinos sin tierra. Con mi padre desde los cuatro años andaba por las chacras de los vecinos de las colonias haciendo trabajos rurales”.

 

Destacó que “mi deseo era ser el primer hijo que haga la secundaria, fui el octavo, y entonces mi padre me llevo a la casa de un tío, que era técnico en aparatos dentales, para hacer la secundaria en Naineck” y puntualizó que “durante cinco años, de la secundaria, esos 22 kilómetros que separan Siete Palma y Naineck los hice en bici”.

 

Ayala resaltó que “en ese momento el campo era la vida misma de la gente. En los pueblos del interior movía la economía y en la Escuela la matricula era entre 300 y 500 alumnos y en la actualidad no superan los 50 chicos”.

 

MODELO PRODUCTIVO. El pequeño productor afirmó que “antes el campo era un fervor en el desarrollo familiar tanto local como provincial. Hace 20 o 30 años atrás era la base del desarrollo del país y nuestra zona no estaba ajena” y puntualizó que “en aquellas épocas – en los años 60 – había en la provincia más de 150 mil hectáreas de agricultura, cuando ni siquiera pensábamos que era un teléfono o un camino asfaltado”.

 

FUNCIONARIO CON VISIÓN DIFERENTES. Denunció que “a poco tiempo del regreso de la democracia, la política y sus funcionarios tomaron decisiones con otra visión diferente y para que la agricultura dejara de ser el sustento de la economía de las familias”.

 

Explicó que “las familias ante esta situación comenzaron a desarraigarse y abandone las actividades cotidianas del cultivo, como paso con el algodón que figura en nuestro escudo provincial pero lejos estamos de aquellos años donde el algodón era el movimiento económico de cada rincón, colonia o paraje de la provincia. Hoy es solo un recuerdo triste”.

 

MÁS DE 10 HECTÁREAS DE BANANA. Ayala afirmó que “en los años 70, la provincia de Formosa con todos los inconvenientes de comunicación, igual existían 12 mil hectáreas de banana y en la actualidad no superamos 1500. Esto es consecuencia de las políticas que aplican los gobiernos de turno y no del productor”.

 

Denunció que “la ausencia de políticas para el sector productivo hace que en la actualidad haya menos producción agropecuaria en la provincia de Formosa” y expusó que “en nuestra jurisdicción existían 17 colonias y en esos lugares había una escuela primaria. Hace 40 años atrás la matricula no era inferior a 300 alumnos y en la actualidad no supera el 10 por ciento de ese número”.

 

Recalcó que “las escuelas eran los centros obligados de consulta, ya que los docentes eran a quien se consultaba para realizar cualquier tipo de actividad social en los pueblos. Luego fueron apareciendo los organismos”.

 

PARAJES OLVIDADOS Y OCULTOS POR LAS MALEZAS. Ayala dijo que “con el correr de los años fueron desapareciendo centros poblados. En esos lugares quedan construcciones que hoy son ruinas pero que tenían paredes de 40 o 60 centímetros, con tejas coloniales y que muestra el prospero desarrollo que tuvieron a 50 o 100 kilómetros de una ciudad. Hoy esos lugares son parajes olvidados y ocultos por las malezas”.

 

Aseguró que “en aquellos años la economía era activa y productiva. A las tardes los almacenes de ramos generales eran el epicentro de compra de todos los artículos para la vida cotidiana. Se podría encontrar desde una cuchara hasta un arado u otras herramientas para el campesino”.

 

HABIA DIVERSIDAD DE PRODUCCIÓN. El dirigente de la FAA señalo que “hace 40 años atrás, Naineck con sus colonias, donde podemos nombrar El Paraíso y Palma Sola, era los abastecedores de hortalizas de las primicias del Mercado Central de la República Argentina. En aquellos tiempos la mandioca, la batata formaban parte de la diversificación del cultivo”.

 

Indicó que “en la actualidad El Paraíso, Palma Sola y San Juan, a través de los hijos de esta familia son productores de tomate para la provincia”.

 

Puntualizó que “el banco en aquellos tiempos era un auxilio obligado para el desarrollo de los pueblos, ya que era una herramienta esencial para un productor de dos o tres hectáreas, porque solo debía poner la firma para retirar un crédito para carpir el algodón o comenzar la cosecha”.

 

Explicó que “la palabra era un instrumento importantísimo en aquellos tiempos y se decía: Mi palabra es un documento. Hasta ahora algunas personas que fuimos formado bajo esos principios lo seguimos manteniendo. Mi papá me enseño que la responsabilidad y la honestidad son mi carta de presentación, eso les enseñe a mis hijos y continuo con mi nieta que va al jardín”.

 

Ayala manifestó que “el fracaso en trabajo de la producción primaria traumatiza a la familia. Y se hice muy difícil atajar a un hijo que tiene 15 o 17 años, ya que termina la secundaria y se queda un año trabajando para después no poder comprarse una zapatilla o una remera”.

 

EL ARRAIGO DEBE SER POLÍTICA. “Creo que el arraigo debe ser una política de Estado y esto se logra haciendo que el gobierno sea una herramienta central para que los pueblos sigan existiendo”, planteó.

 

Reiteró que “las consecuencias de los años de política equivocada son devastadores, ya que termina desarraigando a las familias y los jóvenes toman el colectivo para terminar formando los aglomerados en las grandes ciudades donde tampoco se garantiza su vida digna”.

 

Ayala continuó afirmando que “estos jóvenes están expuesto a la inseguridad y la droga. Termina siendo para los padres y los abuelos un quebranto permanente cuando tenemos un hijo en Buenos Aires, Rosario o Córdoba, trabajando o formando parte de una fuerza de seguridad. Las familias vivimos quebrantadas al no estar en su lugar”.

 

“La actividad primaria, es decir, producir alimentos para la mesa de los argentinos y el mundo debe ser una base de desarrollo de los pueblos rurales, ya que no podemos seguir aglomerándonos en los grandes centros urbanos y ver nuestros pueblos abandonados”.

 

HERRAMIENTA PARA EL DESARROLLO. Ayala evocó su juventud y agregó “sueños con los años cuando en época estivales podíamos ver al costado de las rutas el blanco del cultivo de algodón, donde era trasladado en carreta, camioneta, camión o a caballo. Sueño que la actividad primaria sea la herramienta para el desarrollo del hombre campo para desarrollarnos en nuestro lugar”.

 

Por último, Pánfilo Ayala cerró: “Soy una persona optimista y creo que a través del dialogo podemos lograrlo. Aquí hace falta decisión política y que la mentira no sea la herramienta para acomodar a los funcionarios o sus hijos. La voluntad política del bien común debe primar en esta democracia que defiendo a muerte”.



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